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Tres ingredientes básicos para un proceso terapéutico mediante hipnosis

El Consentimiento más o menos implícito del paciente, cliente o usuario (el nombre importa bien poco) para iniciar un proceso hipnótico y terapéutico es primordial.

Un primer Consentimiento se produce cuando el interesado acude a la consulta del terapeuta. Conocí hace ya años a un psicoterapeuta que no ponía fácil el acceso a su consulta. Daba la dirección, y hora de la consulta, pero él sabía que no era muy fácil encontrar esa calle y suponía un pequeño esfuerzo de búsqueda o de preguntar dónde estaba. Él sabía que cuando el usuario llegaba a la consulta había tenido una decisión clara e inequívoca de iniciar una relación terapéutica. Hoy con las nuevas tecnologías de búsqueda esta situación no se daría, pero es un ejemplo válido que reflejaba el interés, el Consentimiento del paciente para iniciar esa relación. Cada Consentimiento abre la puerta a otro de mayor, entra más fácil pues en un estado hipnótico en el que la conciencia se torna menos crítica y deja de controlar la realidad del entorno que la rodea. La conciencia se hace más permeable y permite que inconsciente acepte un nuevo mensaje.

Las experiencias negativas pasadas no condicionan el presente ni el futuro. Barber habla de este Consentimiento como “con sentimiento”, con emoción, desatando resistencias. Así de esta forma el paciente irá colocando emociones en su interior mientras que el terapeuta actuará de forma empática “con pasión” situándose junto a él.

 

La Fijación confirma y autoriza el Consentimiento. Focaliza su atención principal en un punto, consiente la sugerencia del terapeuta, y satura su conciencia, convirtiendo a esa sugerencia en una única percepción. Cuando esta percepción las fija en el interior se produce un vínculo singular que hace coincidir el control de la conciencia con el control de la inducción. La inducción pasa a ser algo nacido de sí mismo. El paciente percibe como suyo, lo que escucha del terapeuta y lo realiza de forma inconsciente de forma natural y sin imposición externa. Pasa de ser una sugestión externa a una sugestión interna que el usuario realiza por propia voluntad.

La Sugestión es un mensaje, pero es un mensaje en el que es más importante la forma de cómo se dice que el contenido de este. La cadencia de la voz, el ritmo, el tono, la pronunciación y acentuación correcta son los elementos sugestivos del mensaje.
El símbolo es lo importante, y debe de ser un simbolismo coherente con el marco de referencia del paciente donde este se desarrolle como propio y no como invitado.

Muchos tratarán este proceso como “mágico” por no tener unas explicaciones científicas al uso. No voy a entrar en dilemas estériles.

Lo cierto es que esta magia nos ha acompañado desde el inicio de los tiempos y nos ha permitido la vida. El que no tengamos una explicación bioquímica no quiere decir que no exista.
Poco a poco vamos teniendo más respuestas.

Al tiempo.

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