Los manuales de diagnósticos de los trastornos mentales diferencian dos conjuntos de síntomas obsesivos – compulsivos.
El primero es el trastorno obsesivo – compulsivo caracterizado por la presencia de obsesiones y compulsiones persistentes.
Las obsesiones son incontrolables e intrusivas y el paciente las describe como provocadoras de una gran ansiedad.
Las compulsiones son irracionales y repetitivas e incluyen comportamientos o rituales rígidos (como lavar, contar o revisar).
El segundo es el trastorno obsesivo – compulsivo de la personalidad que no se encuentra caracterizado por compulsiones intrusivas, obsesivas y repetitivas como el anterior, sino por un patrón de comportamiento duradero y generalizado que conlleva una preocupación excesiva por el control y el perfeccionismo, un estilo de comportamiento rígido e inflexible, distancia interpersonal e inexpresividad emocional.
Las personas obsesivas experimentan una necesidad de estar en control de cada aspecto de su vida y sus relaciones. Ellos manejan su vida de acuerdo con reglas específicas, agendas inflexibles y rutinas fijas. Se sienten obligados a sobresalir en todo lo que hacen y, como resultado, realizan cada acción con mucho esfuerzo. Están preocupados por lo que deben de hacer, más que por lo que quieren hacer, y sus esfuerzos continuos involucrados en estos patrones llevan a un sentimiento de pérdida de autonomía.
El objetivo del tratamiento será fomentar en el paciente la capacidad para experimentar una gama mas amplia de emociones. La relación terapéutica será el vehículo a través del cual el paciente puede experimentar la pérdida y la ira y aprender a tolerarse sin temer una venganza o castigo, así como lograr experimentar sentimientos mas positivos como la espontaneidad, el placer y la autonomía.
Otro objetivo es disminuir el sentimiento de culpa que subyace al uso excesivo de las defensas y la necesidad de autocastigo


